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La frustración me muerde los talones. Que nada salga como yo planeo, como yo quiero, o simplemente como yo espero. Nada. 
Se me llena la garganta de lágrimas por llorar y los ojos de gritos ahogados. 
Me resulta difícil tener paciencia, nunca ha sido uno de mis puntos fuertes. 
Quiero hablar, quiero arreglar las cosas que no dependen de mi, quiero apurar a los demás y tratar de deshacer este entuerto en el que se ha convertido mi vida. 

Me derrumbo, y las noches se llenan de lágrimas mojando la almohada, y de aire hecho suspiros de tristeza. No soy yo, no soy así, no quiero sufrir. 

Empieza un nuevo día, me levanto y voy a trabajar a un trabajo que paga las facturas y me mantiene sobreviviendo, que me mantiene ocupada pero que no me deja ser yo. Sonrisas vacías y movimientos metódicos mientras trato de no dejar de soñar. 

Y las cosas pasan, aunque no las entienda. Las cosas suceden y solo puedo esperar. Y creer que todo ocurre por algo, que todo tiene un final y traerá un bien mayor. 
Quisiera entender, quisiera saber por qué nos acercamos tanto para luego salir corriendo. Quisiera controlar las partes de mi vida que se zarandean ante mi mirada sin que yo pueda hacer nada. 

Entonces hago lo único que puedo hacer, lo único que me da paz. 

Oro. 

Busco en Dios la fuerza que no tengo, la paz que me falta y las ganas de seguir adelante. 

"Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá." (Lucas 11: 9 y 10)

-Papá Dios, ayúdame a confiar en ti, aunque no vea el final del camino, aunque no entienda el por qué de las situaciones que estoy viviendo, y haz de mi lo que tú quieres que sea. Seguiré pidiendo, buscando y llamando, porque sé que nunca faltas a tus promesas. -

Hoy termina el día sin saber, sin entender, pero tengo la seguridad de no estar sola. 

de rAnita nOe



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