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Días

Hay días normales.
No me falta la respiración y apenas te pienso.

Hay días como hoy, que parecen normales.
Los recuerdos me asaltan en el lugar menos esperado, el autobús, me sorprenden las lágrimas, calientes, quemándome los ojos, estrujando el aire fuera de mis pulmones.

No sé por qué hay días normales y días como hoy, en los que quisiera desenchufar los sentimientos.

Duele.

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Me duele la gente que prefiere no estar ahí. Que se esconde de detrás de conversaciones por tener y elije el vacío de las palabras no dichas para poner distancia entre los corazones.
¿Cuándo decidimos que era mejor darse por vencidos? Se me acumula la necesidad de decir algo. Y me pregunto por qué tengo que ser yo la que vuelva a tocar a la puerta que se me ha cerrado en la cara. Se me hace vieja la tristeza, y se me empolva el orgullo. Se agrían los recuerdos y relucen las veces que fui yo la que buscó, la que mantuvo e insistió. ¿Vale la pena volver a esos caminos o debería aceptar que no se me quiso de la misma manera que yo quiero?
Me duelen 25 años de amistad que quedaron en nada.

N.

hay demasiadOs errOres

Suelo releer los libros que leí cuando era más pequeña, he descubierto que en la segunda lectura nuevos detalles aparecen y es gratificante.
Ayer descargue "Las mujercitas se casan" o "Mujercitas II". Así que lo estoy leyendo en el portátil. Aquellos que me conocen saben que una de las cosas que no me gusta de Argentina son las millones de faltas de ortografía que encuentro por todas partes. En mi llavero hay colgado un rotulador justiciero para los carteles públicos, y os puedo asegurar que le doy buen uso. Pues este odio a las faltas de ortografía debe ser contagioso, porque mientras leía, el word me ha abierto la siguiente ventanita "hay demasiados errores ortográficos o gramaticales en las mujercitas se casan.doc para continuar mostrándolos. Para corregir la ortografía y la gramática de este documento, elija el comando Ortografía y gramática del menu de herramientas."
Ea, pa' chulo, mi portátil.

de rAnita nOe

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Hoy me han preguntado si todavía te echo de menos.  Estaba la pregunta a caballo entre la curiosidad y la extrañeza. Como si el olvido viniera con fecha de caducidad, con una guía de 10 pasos, igual que los libros que venden para dejar de fumar.

No he contestado que no, ni que sí. Me ha salido un "a cada uno le lleva su tiempo".

Porque ha sido más fácil que explicar que por lo menos ya no me duermo todas las noches llorando, que ya no reviso la pantalla del teléfono 700 veces al día para ver si hay un mensaje tuyo, el que mi corazón anhela pero mi cabeza sabe que no llegará. Que me he comprado un libro de poesía que trata sobre el amor y el desamor y que me siento identificada con los dos a la vez. Que hay canciones que cobran otro sentido aún después de haberlas escuchado durante años, tanto las que le cantan al amor como al desamor.

No, no te he olvidado. Estoy aprendiendo a vivir sin ti.

N.