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Hoy me han preguntado si todavía te echo de menos. 
Estaba la pregunta a caballo entre la curiosidad y la extrañeza. Como si el olvido viniera con fecha de caducidad, con una guía de 10 pasos, igual que los libros que venden para dejar de fumar.

No he contestado que no, ni que sí. Me ha salido un "a cada uno le lleva su tiempo".

Porque ha sido más fácil que explicar que por lo menos ya no me duermo todas las noches llorando, que ya no reviso la pantalla del teléfono 700 veces al día para ver si hay un mensaje tuyo, el que mi corazón anhela pero mi cabeza sabe que no llegará. Que me he comprado un libro de poesía que trata sobre el amor y el desamor y que me siento identificada con los dos a la vez. Que hay canciones que cobran otro sentido aún después de haberlas escuchado durante años, tanto las que le cantan al amor como al desamor.

No, no te he olvidado. Estoy aprendiendo a vivir sin ti.

N.


incondicional



He amado.
Te he amado.

Puedo decir sabiendo que no me equivoco que tú has sido mi primer amor.
Un amor que no elegí, que no produje ni acaparé.
Vi y veo la mano de Dios en cada detalle.
La veo ahora enjugando las lágrimas que resbalan por mis mejillas.

He de corregirme y admitir que todavía te amo.
Pero también me amo a mi misma, soy la única que lo hace de los dos.
Así que recojo los pedazos que has dejado de mi corazón y me recompongo. 
Poco a poco la sonrisa volverá a mis labios, un poco más y volverá a mis ojos.


Y tú, tú siempre podrás decir que te han amado incondicionalmente.

N.
  

Días

Hay días normales.
No me falta la respiración y apenas te pienso.

Hay días como hoy, que parecen normales.
Los recuerdos me asaltan en el lugar menos esperado, el autobús, me sorprenden las lágrimas, calientes, quedándome los ojos, estrujando el aire fuera de mis pulmones.

No sé por qué hay días normales y días como hoy, en los que quisiera desenchufar los sentimientos.

Duele.

escribir

Escribir para vaciarse. Para dejar la mente en blanco y que por un momento haya paz. Pelearse con los sentimientos encontrados, a veces hasta opuestos que se disputan cada segundo de mis pensamientos. No saber, no poder preguntar. Esperar. Esperar en silencio. Querer decir, sabiendo que no hay quien te quiera escuchar.

Me falta esa paz de haber hecho todo lo posible, porque otra vez, quizás por primera vez de esta manera, las decisiones de otra persona limitan mis acciones. Que no mis intenciones o mis sentimientos. En esos dos sujetos he encontrado una compañía hasta ahora desconocida, no sabía yo que podía sentir así, profundo y desgarrador al mismo tiempo.

No había estado yo en la posición de habérseme negado la opción de demostrar esos sentimientos que se saben y han sido correspondidos. Consume de una manera que no había experimentado antes, porque a pesar de llevarme a límites de mi misma que yo no conocía, no hay nada que pueda hacer para dejar de sentir. Para dejar de querer. Para dejar de esperar, aún sin saber si hay algo por lo que esperar.

Tanto una cosa como la otra han sucedido de manera inesperada y sin embargo puedo decir que ya no puedo ser igual. Amar y ser negado, querer dar y no saber bien porque no es recibido. Esperar, esperar en silencio. Un silencio ensordecedor que inunda todos los momentos en los que, por descuido, mis pensamientos se detienen y soy capaz de vislumbrar de reojo la dimensión de esta situación en la que no pedí meterme.

La incondicionalidad. Algo que por mi parte no he experimentado pero que soy incapaz de limitar con respecto a ti. Me rompe un poco el corazón que no lo veas. Me desgasta por dentro este baile de no hablar las cosas claras y de disimular que las cosas son diferentes.

Me miro al espejo y me pregunto si soy yo la normal o la que está equivocada. Veo como las lágrimas se me escapan y me cuestiono hasta dónde voy a poder llegar, o necesitar llegar para poder estar tranquila de haber hecho todo lo que tenía que hacer, quemar hasta el último cartucho, y no tengo una respuesta. Ninguna respuesta mejor que el no haber elegido esto que se me hace cuesta arriba y desconocido.

Me pesa tener que ser fuerte, siempre. Me pesa hoy este amor que no puedo elegir dejar de sentir y que no entiendo.

Escribir para vaciarse. Para que el silencio vuelva a ser sereno.



Me quiero.
Me espero.
Me tengo paciencia.
Me perdono.
Me gusto.
Me busco.
Me encuentro.

Porque si no lo hago por mi, no lo podría hacer por nadie más.

N

Han de tener razón los que dicen que una vez que estas completamente hundido no queda otra solución que salir hacia arriba. 

Y así fue mi 2015. Desganado y hundido, asustado y retenido.

Todo, y todos se tambalearon en algún momento de esos largos 12 meses. La seguridad del saber, del pertenecer, del querer. Todo. 

Pero pasado, pisado. 

Nuevas oportunidades, nuevas ilusiones. Nuevas palabras, espero que vuelvan, porque siento los dedos agarrotados y las ideas secas. 
Nuevos miedos, pero esta vez relacionados a nuevos proyectos que estoy emprendiendo. 

Poco a poco, paso a paso. Conocerme y re crearme. 

Un día a la vez, con Dios todos los días. 

N

3 maneras de saber si es la voluntad de Dios.

Hay circunstancias en la vida en las que no sabes que hacer, y cuando me pasa eso suelo recurrir a mi familia o mis amigos en busca de ayuda.

Hace poco una de mis amigas más queridas me envió un artículo que quiero compartir con vosotros:

http://www.faithit.com/3-ways-to-know-if-its-gods-will/

Y como está en inglés lo he traducido aquí, espero que sea de tanta ayuda para vosotros como lo ha sido para mi:

Traducido por Noemi Soutullo Campuzano
Con tantas voces en nuestras vidas a veces puede ser fácil olvidar como suena la voz de Dios. Estos recordatorios son buenos para estar seguro de que los pasos que estas tomando en tu vida te conducen hacia Jesús.
Solo porque se presente una oportunidad, y parezca apetecible, no significa necesariamente que es de Dios. Y del mismo modo, solo porque una puerta abierta parezca incierta, no significa que no deberías caminar a través de ella.
La clave es saber cómo discernir si una oportunidad es realmente una puerta abierta de parte de Dios. No quiero perderme esas puertas abiertas por estar asustada de caminar a través de ellas. Pero tampoco quiero tomar cada oportunidad que aparezca, asumiendo que es de parte de Dios y viene acompañada de bendiciones.
En una conversación reciente con un amigo hablábamos sobre la fe y el coraje de caminar a través de una puerta que Dios está manteniendo abierta para nosotros, incluso cuando no estamos seguros de lo que hay al otro lado. Pero entonces apareció la pregunta: ¿Cómo puedes decir que Dios es el que está abriendo la puerta?
La biblia nos da algunos principios para ayudarnos a discernir si “una puerta abierta” u oportunidad es realmente de parte de Dios:
  •   La puerta que Dios abre nunca contradirá su palabra:

Muchos cristianos ven las oportunidades de ganar más dinero como una puerta abierta de parte de Dios, incluso si esa oportunidad significa que el trabajo los mantendrá apartados de la asistencia regular o el servicio en su iglesia. No obstante, la palabra de Dios nos dice que no debemos desatender el reunirnos para adorar (Hebreos 10:25). Algunas mujeres me han dicho que creen que Dios abrió una puerta a una relación de noviazgo para ellas, aunque esto significaba una situación en la que estaban  en “yugo desigual” con un no creyente, algo sobre lo que la escritura también nos advierte (2 Corintios 6:14). Dios no te conducirá hacia una oportunidad que contradice lo que Él claramente dice en su palabra. Ni abrirá una puerta que requiera compromiso personal o desobediencia para que puedas cruzarla. Como humanos con tendencia a pecar, tenemos una manera excelente de darle la vuelta a un mandato claro de Dios y justificarlo dadas nuestras circunstancias, pero no es así como Dios funciona. Si quedamos comprometidos de alguna manera, o tenemos que torcer las escrituras para justificar nuestra “puerta abierta” entonces probablemente no sea una puerta que Dios este abriendo para nosotros. Yo llamaría a que cualquier cosa que contradice su palabra tentación, en lugar de una puerta abierta por Dios. Y la palabra de Dios dice claramente que Dios no nos tienta (Santiago 1:13-14)

  •  La puerta que Dios abra estará acompañada por confirmación:

En Mateo 18:15-16, Jesús trazo las instrucciones para confrontar al pecado entre los creyentes diciendo “Pero si no escuchan, toman uno o dos más, para que ’todo asunto puede ser establecida por el testimonio de dos o tres testigos’.” Creo que lo mismo se aplica cuando se trata de Dios confirmando algo en su Palabra. Él a menudo confirmará o establecerá una cuestión mediante "dos o tres testigos" ya sean versículos de la palabra de Dios, el asesoramiento de un pastor o persona muy respetada que se basa en las Escrituras, o una circunstancia no comprometedora que se continúa presentándose. A través de la oración, discernimiento y buscando el consejo divino, deberías ser capaz de decir si esa “puerta abierta” y sus confirmaciones vienen realmente de parte de Dios.

  • La puerta que Dios abre requerirá que dependas de Él.

Dios no nos va a dar algo que nos vaya a alejar de Él o hacernos creer que ya no le necesitamos. Él es un Dios de relación, y un Dios que insiste en ser lo primero en nuestras vidas (Mateo 6:33). Por lo tanto, si te encuentras diciendo “No puedo hacer esto a menos que Dios vaya delante de mi” o “Puedo hacer esto, pero solo con la ayuda y guía de Dios” yo diría, por experiencia personal, que es probablemente algo que Dios te está llamando a hacer. Hebreos 11:6 dice “Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Muchas veces una “puerta abierta” de parte de Dios es la que permite a tu fe ser probada y fortalecida. Eso es, después de todo, el objetivo de Dios para nosotros: crecer en la fe y la semejanza a Cristo


Lleva tu oportunidad o “puerta abierta” a Dios y pídele por su confirmación – a través de su palabra y el consejo divino de otros-  y su paz en la decisión, y puedes tener la seguridad de que no estas escogiendo simplemente una puerta cualquiera, sino que estas cuidadosamente caminando a través de las que Él quiere que entres.


de rAnita nOe

resiliencia.

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.



Queda poco más que decir. 
Queda mucho por vivir. 












de rAnita nOe 

volver


Volver a respirar después de estar conteniendo la respiración sin haberte dado cuenta. Ese es el sentimiento que tengo ahora. Vuelvo a respirar. Y no tengo miedo. 

Han pasado muchas cosas este año, que casi se nos va ya de las manos, a unos días de empezar el mes de Agosto. 

Hace unas semanas comentaba con un compañero del trabajo que quedan 5 meses para navidad y él se quejaba de no haber hecho nada nuevo este año, de no haber aprendido nada. Y yo le dije que me sentía igual, sentía no haber hecho nada extraordinario, y a los pocos segundos me mordí la lengua para no decir "bueno, en realidad he superado un cáncer". 

He estado muchos meses encerrada en mi misma, superando miedos un poco inexplicables, o al menos así lo parecían en su momento. No he estado sola aunque si me haya sentido sola en algunos momentos. He estado lejos de Dios, indiscutíblemente los momentos más inquietantes. Me he vuelto a acercar a Dios, simple y llanamente, paz. 

He perdido algunas esperanzas, bastantes peleas y en algunas ocasiones hasta las ganas. Pero he vuelto. Muchas lágrimas después, aquí estoy. Decidida a salir adelante, a crearme y recrearme, a pesar de las dificultades. Queda mucho camino por recorrer hasta conseguir lo que quiero, pero las fuerzas están renovadas y la voluntad también. Y Dios abrirá las puertas. 

Se siente bien volver. 

de rAnita nOe

ha pasado


(las palabras que no digo se convierten en lágrimas que no quiero llorar. se me anudan en la garganta y no me dejan respirar.
una de las cosas más difíciles que me ha pasado en esta vida es tener que contener las palabras ante quien no está preparado para escucharlas pero que necesita desesperadamente que alguien se las diga. 
me gustaría susurrarle al viento todas las cosas que quiero decirte para que mi voz flote hasta ti, y puedas descubrir que te veo como tú no te sabes ver, que quizás a mi pesar, te quiero como tú no te sabes querer.)

hace un par de años que no hago ningún propósito de año nuevo, he tratado de aprender a disfrutar de la vida como viene y a hacer todo aquello que pueda, aunque sea inesperado. este año ha sido diferente, porque desde antes que empezara ya tenía la necesidad de cumplir con un proyecto, impuesto por la vida, de los que no se pueden rechazar. ya contaba los días antes de que estrenáramos el 1 de enero, y acumulaba coraje, lágrimas e incertidumbre ante la que se me venía encima. 
nunca me ha tocado estar sola, aunque haya habido veces en las que me haya sentido aislada, sin poder decir realmente lo que llenaba mi cabeza por miedo a asustar a los demás, o quizás por miedo a asustarme más a mi misma. 
han pasado los días, unos más lentos que otros, unos más fáciles de vivir, otros menos, pero han pasado. 
han pasado las cosas, la mayoría por primera vez, y he tenido que aprender a conocerme otra vez, físicamente. he aprendido que a lo que estaba acostumbrada no era precisamente a lo normal. 
he dormido mi cansancio y llorado mi inseguridad. he saboreado mi impaciencia como un caramelo duro que tarda en deshacerse y he aprendido, un poquito, a dejarme llevar, a aceptar que las cosas que no se pueden cambiar hay que vivirlas y ya. 
he descubierto que aquellas personas con las que contaba no han querido estar conmigo, y que aquellos que menos lo esperaba se han dedicado a hacerme sentir arropada y querida de las maneras más simples y completas. 
he aprendido, o por lo menos experimentado, que cuando se acaba el poder humano, el poder de Dios todavía es capaz de ir más allá, hasta dónde yo no lo esperaba, llenando mi vida de bendiciones con la gente más inesperada. 

todavía estoy a una tomografía de poder decir que estoy libre del cáncer, pero hasta aquí me ha ayudado Dios.

de rAnita nOe